Albertina Carri y Marta Dillon: retrato de una nueva familia
El terror de la dictadura, el Bowie del gay power y la búsqueda de libertad se cruzan en la historia de amor de Marta Dillon y Albertina Carri, dos narradoras que, junto con el diseñador Alejandro Ros, gestaron a un niño con nombre de guerrero. La construcción de una nueva familia argentina.
Fuerte respaldo del campo académico al cambio de la legislación
El Consejo Superior de la UBA se pronunció a favor del aborto legal
Publicado el 12 de Agosto de 2010
Por Lucia Alvarez Se aprobó por 27 votos a favor, una abstención y uno en contra. Así se reconoció a las mujeres “como sujetos sociales, capaces de decidir si desean o no ser madres”. Y respaldó el tratamiento del proyecto en el Congreso.
Pese a de las recientes declaraciones del ministro de Salud Juan Manzur sobre su rechazo al aborto, el proyecto de ley que permite la interrupción voluntaria del embarazo sigue consiguiendo apoyos, ahora del campo académico, y está cada vez más cerca de ser tratado en el Congreso. Al respaldo del Consejo Superior de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y de la decisión de la Universidad Nacional de Córdoba de llamar al debate, ayer el Consejo Superior de la UBA se pronunció a favor de un cambio en la legislación nacional y del derecho al aborto legal, seguro y gratuito. El texto, presentado por los consejeros estudiantiles Leandro Altman e Ignacio Kostzer y aprobado por 27 votos a favor, uno en contra y una abstención, argumenta que los abortos son la primera causa de mortalidad materna y estima que el derecho a establecer las condiciones de la maternidad implica “reconocer a las mujeres como sujetos sociales, como ciudadanas y agentes morales capaces de decidir si desean o no ser madres, el número de hijos/as que desean tener y el espacio temporal entre los nacimientos”. Altman dijo a Tiempo Argentino: “En el país se realizan 500 mil abortos al año y una mujer fallece cada dos días por esta causa. Es fundamental que la universidad pública intervenga en estos debates que involucran a toda la sociedad”. Si bien el apoyo no fue en particular para ninguno de los proyectos presentados en el Congreso, algunos de los 50 legisladores que pusieron su firma en la propuesta de la Campaña Nacional por el Derecho a un Aborto Legal, Seguro y Gratuito estimaron que este pronunciamiento es clave para su tratamiento. “Es muy importante porque le da un respaldo científico y permite un debate más franco, sin polarizaciones y con posiciones menos ultra”, explicó la diputada Cecilia Merchán, de Libres del Sur. Merchán aseguró además que ya se consiguieron cinco firmas de legisladores de distintos bloques, para impulsar en las tres comisiones que tratan el proyecto –legislación penal, salud y familia– un plenario conjunto para los próximos meses. También el presidente de la comisión de legislación penal, Juan Carlos Vega, aseguró a este diario que hay voluntad de tratarlo en la comisión y que él personalmente apoya su discusión para el segundo semestre.
Este es un ensayo sobre la violencia contemporánea. Lo que sigue son algunas posibles líneas de ingreso, perspectivas, problemáticas desde las cuales abordarla. El puntapié inicial de este trabajo es nuestra propia incomprensión respecto del fenómeno en sí; pero también el evidente y sistemático fracaso de las políticas públicas. Entendemos que ese fracaso es consecuencia, asimismo, de la propia incomprensión de la que es presa el Estado y la sociedad en general.
Quisiéramos comenzar el viaje intentando sacarnos de encima una serie de ropajes: la lectura de la violencia en clave de mal, la lectura de la violencia como fenómeno excepcional, la interpretación en clave de irracionalidad, el iluminismo y su “metafísica binarista”, como dice Aníbal Ford en algún lugar. Esto implica, evidentemente, hacer violencia contra las categorías políticas, sociales y culturales del paradigma moderno.
“La que espera” de Abelardo Castillo Alejandro Apo Donde quiera que estés Lunes a Viernes de 15 a 17 hs Radio Nacional AM 870 Duración: 14:36 min.
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La vida, mi querido Castillo, la vida es algo más que cadenas de ácido desoxirribonucleico, enzimas y combinaciones de moléculas. La vida es un misterio, decía en voz baja el doctor Cardona, con esa rara entonación de secreto que le daba a cualquier tontería un matiz de revelación de ultratumba, de modo que ahora empieza una especie de cuento fantástico, pensé al oírlo. Lo que llamamos enfermedad, decía, lo que llamamos locura, son estrategias del cuerpo y de la mente para sobrevivir, para que se cumpla el único designio de la vida, que es continuar viviendo. Oímos que un hombre tose o estornuda y pensamos que está enfermo, cuando lo que en realidad sucede es que su cuerpo está defendiéndose de la enfermedad y, por consiguiente, de la muerte. Con la locura pasa exactamente lo mismo. Vea, si no, este caso. Usted los conoció a los dos, me refiero a los protagonistas. Vivían precisamente allí, en ese viejo caserón de la esquina, el del mirador. Los hermanos Lanari, exacto. Cuando usted se fue de este pueblo ellos ya eran bastante mayores, andarían por los cuarenta años. Ella, Asumpta, era una mujer alta y delgada, usaba el pelo recogido, como las bailarinas. En su juventud había sido muy hermosa, y aunque usted debió de ser un chico en ese tiempo, no puede haberla olvidado. ¿No la tiene muy presente? Entonces no la vio nunca. Vivían los dos solos en esa casa. Quedaron huérfanos en la adolescencia, o un poco después, y ninguno de los dos se casó. Y no por falta de oportunidades, por lo menos no en el caso de ella. Lo sé porque yo fui, durante años, una de esas oportunidades. Es curioso, Castillo. La cercanía física entre hermanos de distinto sexo, cuando se prolonga demasiado en el tiempo, suele producir relaciones equívocas. ¿Qué quiere decir equívocas? Quiere decir relaciones que terminan pareciéndose al matrimonio. Más que al matrimonio al amor. Usted habrá visto que los matrimonios largos y bien avenidos transforman la pasión del amor en una especie de hermandad incestuosa. Con los hermanos pasa al revés. Con esto no quiero sugerir que entre los Lanari hubiera nada anormal, no al menos en ese sentido, aunque Dios sabe que la gente de nuestro pueblo ha hecho ciertos comentarios desagradables al respecto. ¿Por qué? No sé por qué. Supongo que porque ella, Asumpta, era una mujer demasiado hermosa: demasiado mujer, para decirlo de alguna manera. Será un prejuicio, pero uno no se resigna a aceptar que cierto tipo de mujeres pueda prescindir de un hombre, me refiero a un hombre real, no a un hermano. Y no estoy nada seguro de que sea un prejuicio. Hay algo un poco monstruoso en una mujer sola, si es hermosa: algo que no es del todo moral. No ponga esa cara, hombre, siempre imaginé que los literatos eran capaces de comprender cualquier idea. No digo compartir o aceptar, digo comprender. El caso es que ella no se casó nunca y que vivió para él. ¿Cómo era él? Nada del otro mundo. Un sujeto bastante intrascendente. Más bien bajo, sí. Exactamente, con una ceja un poco levantada, a causa de un accidente. Usted sí que es un tipo inesperado, mi amigo: resulta que se acuerda del hermano y no de ella. No tenían demasiados amigos, ni siquiera se puede decir que tuvieran amistades en el sentido social de la palabra. Creo que yo fui una de las personas que más los trató, y eso por mi condición de médico. El era un poco hipocondríaco, pero tenía eso que se llama una salud de hierro. Ella era demasiado delicada, demasiado frágil. Siempre me hizo pensar en un objeto de cristal muy fino. Cuando él tuvo el accidente yo supe de inmediato que algo se había quebrado en la estructura íntima de ese cristal. No, no me refiero al accidente de la ceja, me refiero al del avión. La avioneta, porque fue en una avioneta. El debió viajar a Corrientes, no recuerdo por qué asunto. Me parece que se trataba de una sucesión, algo referido a unos campos que habían sido del padre, no sé bien. El hecho es que hubo una tormenta, la avioneta se perdió en los esteros del Iberá, y lo dieron por muerto. La historia, en realidad, empieza acá. Venga, sentémonos en ese banco. Me gusta contemplar el río de noche, lo que nos va quedando del río. ¿Se acuerda de lo que era este río cuando usted era chico? Véalo ahora, puro barro y camalotes. Toda esa franja que se ve allá son islotes nuevos, pronto van a ser islas. Cualquier día de éstos vamos a cruzar a la otra costa caminando. Qué le pasó a quién. ¿Al río? ¿Tampoco sabe qué le pasó a nuestro río? Después se lo cuento, ahora siéntese. La avioneta, lo que quedaba de la avioneta, fue localizada unos meses más tarde. El cuerpo no. Pero a nadie le quedó ninguna duda de que él había muerto. Bueno, cuando pasan tres años y un cuerpo no aparece, y de lo que fue un avión sólo se recupera un ala y un pedazo de motor en la copa de un árbol, en los pantanos, uno puede suponer que el piloto ha muerto. Sí, el piloto era él, un buen piloto, si me atengo a lo que oí. Lo raro es que aprendió a volar porque les tenía terror a los aviones; sólo se sentía seguro si manejaba él mismo. No sólo era hipocondríaco, era un poco maniático, más o menos como toda la familia, si quiere que le sea franco. Eso es lo que tal vez explica la ausencia de tres años. Salvo que hubiera perdido la memoria a causa del accidente, cosa en la que no creo. Esas largas amnesias de las películas norteamericanas no ocurren nunca en la vida real, y además yo conversé con él una o dos veces cuando volvió y nunca mencionó nada parecido a una pérdida de memoria. Claro que no había muerto, ¿si no, cómo iba a volver? Se lo dio por muerto, todos creyeron que había muerto. Menos ella, exacto. El va a volver, decía. No sólo decía eso, sino que, durante tres años, hizo exactamente las mismas cosas que había hecho mientras vivieron juntos. ¿Qué cosas? Preparar la mesa para los dos, arreglar el cuarto de su hermano, tener lista su ropa, mantener encendida la estufa a leña de su escritorio, en el invierno. Todo, sí, todo exactamente igual durante tres años. Pero por supuesto que no, ninguna razón: ella no tenía ninguna razón lógica para creer que el hermano podía estar vivo. El no se comunicó nunca con ella, ni por carta ni por teléfono ni de ninguna otra forma. Todo esto lo sé porque en esos tres años nunca dejé de visitar la casa, como sé lo que acabo de decirle sobre la ceremonia diaria de arreglar ella su cuarto o poner dos cubiertos en la mesa. Yo era tal vez uno de los pocos que lo sabía, por lo menos al principio, porque con el correr del tiempo todo llega a saberse en un pueblo como el nuestro. Siempre he pensado que los pueblos son de vidrio, las paredes de las casas, quiero decir. Todo se ve a través de ellas. Todo el mundo sabe todo de todos, y lo que no se sabe se imagina o se inventa. De ahí la historia de que ella estaba loca, cuando lo que en realidad sucedía es que venía defendiéndose de la locura desde el mismo día del accidente. Yo hablé con ella, muchas veces. Era una mujer perfectamente normal, y, si no lo era, es sencillamente porque ninguno de nosotros es perfectamente normal, ni usted ni yo ni esa parejita que se está besando en la baranda de la barranca. La normalidad es como el frío, no existe. El frío es un poco más o un poco menos de calor, y la normalidad es un poco más o un poco menos de locura. Ella actuaba de la misma manera en que había actuado desde los veinte años: dependiendo de su hermano, sirviéndolo, viviendo para él. Sí, ya sé. Usted está pensando que cada vez que me refiero a ese hombre lo hago con cierta amargura, usted está pensando que ni siquiera lo nombro, usted está pensando que yo estaba enamorado de ella. Mi querido señor, no suponga que ha hecho un descubrimiento psicológico mayúsculo. Claro que yo estaba enamorado de ella, y claro que él no me caía demasiado bien, pero ésta no es la historia de mis emociones, como diría un colega suyo. Es la historia de un asesinato. Veo que por fin reacciona. Percibo que ha dado un pequeño brinco en la oscuridad. Gustavo, se llamaba él. En cuanto a la palabra que lo sobresaltó tal vez sea exacta en el sentido jurídico, pero, en un sentido médico, no describe en absoluto los hechos. Fue un acto de legítima defensa, por decirlo así. Venga, caminemos hasta la explanada del Hotel de Turismo, ya sé que es un adefesio pero desde ahí arriba el río parece un poco más real, más antiguo. De modo que quiere saber quién fue el muerto, quién mató a quién. Sería interesante que ahora yo le dijera que asesiné al hermano de Asumpta, por celos, cuando él volvió de su viaje misterioso de tres años. Usted pertenece a ese género de personas, usted, permítame que se lo diga, es un poeta romántico que se equivocó de siglo. Lo siento, pero no fue así. Le doy tiempo para que adivine hasta que lleguemos arriba. No adivinó. O mejor, sí adivinó, pero no tiene ni la más remota idea de las razones que ella tuvo para hacerlo. Sentémonos otra vez. Qué me dice de esa luna. Qué me dice de oír las campanadas de la iglesia y mirar el río, en verano, a la luz de la luna. ¿Sabe que una vez, una sola vez en mi vida, yo pude hacer esto con ella? No me pregunte cómo, pero la convencí de que me acompañara a caminar por la barranca y la traje acá. Creo que esa noche, si me hubiera atrevido... Le voy a dar un consejo, Castillo. Tengo unos cuantos años y sé de lo que hablo. Si le gusta una mujer y no está absolutamente seguro de lo que ella siente por usted, nunca pierda el tiempo en decírselo ni mucho menos en pensar cómo decírselo. Aproveche la primera oportunidad favorable que se le presente y tómela de la mano o bésela, acósela, como se dice ahora. Lo peor que puede pasarle es que ella salga corriendo, que es lo mismo que le va a pasar si le da tiempo a pensarlo. Si esa noche yo la hubiera tomado de la mano, en vez de hablar, tal vez no habría sucedido nada de lo que le estoy contando, Asumpta no estaría donde está y él no habría muerto. Ella lo enterró en el jardín de la casa. Desde acá se ve el lugar, dése vuelta. ¿Ve el paredón donde asoma la magnolia? Bueno, entre la magnolia y la galería. Fue muy poco tiempo después de su regreso. Nadie se dio cuenta de nada hasta que pasaron dos o tres meses. Creo que algunos ni se enteraron de que él había vuelto. Más tarde se descubrió todo, por supuesto, ya le dije que en los pueblos como el nuestro las paredes son transparentes. Pero yo lo supe casi de inmediato, del mismo modo que supe los motivos. Muchos imaginaron que esos hermanos eran algo más que hermanos y que ella lo mató para vengarse de algo que él había hecho durante esos años de ausencia. Qué estupidez. Asumpta, durante esos tres años, vivió esperando que él regresara. No era tanto el querer que volviera como la ceremonia de esperarlo, ¿se da cuenta? La razón de su vida, su cordura, dependían de los ritos inocentes de esa espera. Por eso preparaba todos los días su cuarto, encendía la estufa del escritorio, arreglaba su ropa. Cuando él regresó, ella no dio ninguna muestra de alegría; sí, yo también lo pensé al principio, era como si siempre hubiera sabido que él volvería. Pero sobre todo era que no podía alegrarse: la presencia del hermano rompía por última vez el precario equilibrio de su cordura. La primera vez fue su desaparición; la segunda, su regreso. Ella ya no lo soportó. Durante tres años, piense bien en esto, durante más de mil días y mil noches, ella protegió su razón con esa espera. Lo mató para no enloquecer, para seguir esperando. Después volvió a preparar su cuarto, puso todos los días dos cubiertos en la mesa, siguió cambiando con amor las sábanas de su cama. Y si nadie se hubiera enterado de lo que pasó, aún hoy lo seguiría haciendo. Ella todavía vive, naturalmente. ¿Dónde está? Por favor, Castillo, ¿dónde quiere que esté? Desde acá el río se ve mejor, ya se lo dije; pero sólo porque es de noche. Uno de esos locos que andan sueltos cavó una zanja en una de las islas para hacer un embarcadero, creo que con la intención de construir un hotel como éste. No contó con que el río tiene sus leyes. Las correntadas abrieron un canal, arrasaron la isla, y ahora el río deposita la tierra y el limo de este lado, dijo en voz baja el doctor Cardona.
Cumpliendo los deseos de la tuitósfera (?) compartimos el programa completo de 678 del jueves por la noche, invitados: Juan Manuel Abal Medina y José Pablo Feinmann.
Opinan: Fernada Gil Lozano, Nelly Borquez, Luciano Fabbri
El reconocimiento de los derechos de las mujeres pone en crisis el rol que suele asignarse a los hombres en el trabajo, la familia y la vida cotidiana. Se debate así sobre el surgimiento de una nueva masculinidad.
Para Fernanda Gil Lozano en la sociedad actual -que es producto de políticas neoliberales, de competitividad- se marca que "lo que vos sos tiene que ver con lo que tenés y eso es lo que valés, me parece que nuevamente se puso en una balanza en donde el peso está puesto en cuánto dinero tenés y lo que conseguís y lo que pagas, yo creo que lo que tenemos que volver a construir es una masculinidad que se base en otros principios".
Los medios masivos suele reforzar estereotipos sobre lo masculino y lo femenino proponiendo modelos cuestionados por quienes proponen una nueva mirada. Según Nelly Borquez -Red de Mujeres de La Matanza- estos estereotipos aparecen como "el bruto, atrevido, el macho, altanero, que desprecia a la mujer, y el proxeneta" y las mujeres aparecen siempre en roles secundario, sostiene.
Hay colectivos de varones que proponen un cambio, Luciano Fabbri -del Colectivo de Varones Antipatrialcales- enfatiza que "el solo hecho de ser varón o de haber nacido macho, biológicamente hablando, no implica el asumir una posición política ideológica preconcebida" por lo tanto "eso se construye y también se puede reconstruir" señala.
El no reconocimiento de la identidad de género es causal de toda clase de violaciones a los derechos humanos de las personas que viven una identidad distinta de la asignada al nacer o al ser inscriptas como ciudadanas en partidas o documentos: expulsión del sistema educativo y de la atención a la salud, falta de oportunidades laborales o de acceso a la vivienda social, entre otras violencias como la estigmatización o la represión policial basada en edictos y códigos. A lo largo del debate sobre la ley de matrimonio fueron muchas las voces que enunciaron la necesidad de una ley de identidad de género como paso siguiente. Ese futuro ya llegó.
El próximo domingo es el día del niño y la niña y los juguetes que se regalan en la infancia van asignando roles. En la escuela pasa lo mismo, por eso es esencial la formación en la diversidad en los primeros años de vida. Entrevista con Moriana Hernández, coordinadora de la Campaña Nacional por una Educación No Sexista.
Campaña por una educación no sexista Liliana Daunes Marca de Radio Sábados de 10 a 13 hs Radio La Red AM 910 Duración: 32:32 min.
Violencia contra personas trans y travestis en cárceles bonaerenses
Reproducimos:
Una presentación ante la justicia penal denuncia la situación de violencia física y sexual y traslados arbitrarios que sufren personas trans travestis detenidas en cárceles de la provincia de Buenos Aires. Se trata de un recurso de habeas corpus colectivo a favor de un grupo de travestis alojadas en la Unidad Penal de Sierra Chica que fue presentado el lunes ante la justicia del Azul.
La presentación judicial está patrocinada por el Comité Contra la Tortura de la Comisión Provincial por la Memoria y cuenta con el aval de más de 20 organizaciones: Lunaticxs La Plata, Futuro Trans, Frente Popular Darío Santillán, Espacio Queer; Revista Tinta Roja, Colectivo de varones antipatriarcales, Jóvenes por la igualdad, Desobedientes, Asociación por la identidad sexual platense, Contingente 13 colectiv* queer transfeminista, Casa de la mujer Azucena Villaflor; Centro Cultural Nestor Perlongher de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, (UNLP), Malas como las arañas, Colectiva feminista Las furiosas, Asociación de lucha por la identidad travesti transexual, Cooperativa de trabajo Nadia Echazú, Movimiento antidiscriminatorio de liberación representante trans para el cono sur Ilga-Lac, Organización de lesbianas madres en comaternidad, Colectivo de abogados populares La Ciega, Observatorio de Género de la Facultad de Periodismo (UNLP), Centro interdisciplinario de investigaciones en género, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UNLP).
Se tomó conocimiento de los hechos a través de una carta enviada por las victimas donde se denuncian acciones de violencia sexual, psicológica y traslados arbitrarios impartidos por agentes penitenciarios bonaerenses hacia un grupo de travestis detenidas. En la carta se manifiesta que 6 travestis que se encontraban alojadas en la Unidad Nº 32 de Florencio Varela, fueron trasladadas arbitrariamente a la Unidad Nº 2 de Sierra Chica como represalia por no haber accedido a los pedidos efectuados por el Jefe del Penal de la Unidad Nº 32 “ a tener sexo con él, y con su personal y por querer destapar muchas cosas que se tapan en dicha unidad como la venta de estupefacientes, cocaína, marihuana, pastillas (sic)...”. Para justificar el traslado, las autoridades habrían alegado “cuestiones de mala convivencia” que no son tales, sino que en realidad sugieren una represalia encubierta por no haber accedido a los pedidos efectuados .
Las denunciantes describen además una situación integral de violaciones a sus derechos. Manifiestan que para no ser trasladadas en forma arbitrara por el Jefe del Penal, y mantener contacto en forma periódica con sus familiares se les exigía “tener sexo con el personal penitenciario o distribuir drogas en toda la unidad (sic)” porque de lo contrario las trasladarían a otros penales. Denuncian asimismo que otras travestis alojadas en la Unidad Nº 32 de Florencia Varela sufrieron “tortura psicológica y física por parte del señor Rojas, manoseos y cambio de sexo por conducta, por trabajo y por miedo, cuando no quiso seguir canjeando con este señor la trasladó a Sierra Chica” y que “sufren aberraciones, manoseos y prácticas sexuales de parte del servicio”.
Las firmantes de la carta señalan, además, que en la Unidad Nº 2 de Sierra Chica conviven en el pabellón 10 con otros hombres allí alojados, encontrándose custodiadas por el personal masculino de seguridad “y que están recibiendo torturas físicas y psicológicas de parte del servicio penitenciario (...) por favor, hagan algo”.
Otro aspecto que se aborda en la denuncia es la falta de atención médica y adecuada dieta para los enfermos de VIH SIDA. Dice textualmente una de las firmantes de la carta: “La comida que provee el penal es la comida para un animal. Soy una persona portadora de VIH y no recibo atención médica, este penal no cuenta con un infectólogo, no recibo la medicación que tengo que tomar por mi problema de salud no recibo la dieta que tendría que tener y como estoy tan lejos de mi familia no pueden venir a verme. Son lo único que tengo y ellos me ayudaban para tener una mejor alimentación. Estoy cayendo en un pozo depresivo y tengo miedo por mi enfermedad, necesito la contención de mi familia y amigos ”.
En la presentación judicial se solicita que se investiguen las responsabilidades de los agentes penitenciarios sobre los hechos denunciados. Se disponga además, el urgente reintegro de las travestis que fueron trasladadas a la Unidad 32 de Florencio Varela, por razones de cercanía familiar, arraigo y por haber sido arbitrario e injustificado su traslado. Se piden garantías para la integridad física de las denunciantes como también que no sufrirán represalias ni consecuencias de ningún tipo a partir de la presentación judicial realizada. Se plantea además que la justicia ordena a la autoridad penitenciaria que las denunciantes permanezcan alojadas en celdas cercanas de un mismo pabellón y con similar régimen, impidiendo su traslado o alojamiento diferenciado. Asimismo, se ordene la urgente provisión de atención médica, controles y dietas especiales para el tratamiento de las personas que conviven con VIH.
Es preciso señalar, que en la provincia de Buenos Aires solo existen dos pabellones que alojan travestis: uno en la Unidad Nº 32 de Florencia Varela y otro en la Unidad Nº 2 de Sierra Chica, ambas unidades destinadas a alojar varones.
COMISION POR LA MEMORIA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
CONTACTOS:
LAURANA MALACALZA (Comité Contra la Tortura de la Comisión por la Memoria) / 011- 15 66 47 51 94 / laurana_ malacalza@yahoo.com.ar
ROBERTO CIPRIANO GARCIA: 0221- 15 60 17 695 (Comité Contra la Tortura de la Comisión por la Memoria)